No más

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El fin

Así se siente el final, como el sueño que cae cuando se encuentra la vida en lo más alto, como la niebla se cierne sobre la belleza con la montaña y destruye el monumental espectáculo que representa su ser. Así de un instante a otro es el fin. Cuando toda historia tiene sus protagonistas, y la de esta son las personas; así en silencio, después de una tormenta de estruendos, llega sin más la soledad.

¿Quién es culpable? Al final del día una sola voz es la que queda, la destina a asumir el peso que conllevan tan cosas. Atormentado por la vida, sin esta una excusa porque a nadie le es importante, más que a mí. Me siento en este silencio, sin ojos para ver. Sin labios para escuchar. Sin nada.

Pues que más, sino que la quien asume el cargo, también debe afrontar sus consecuencias. Merezco tantas cosas al parecer, que no pido. Quizás por quien soy. Una rosa quizás cuyas espinas resaltan más que su belleza o un atardecer que la tormenta de su ser oculta quien es. Me siento solo. Pero quien más sino a señalar que a mí. Único que toma decisiones. No puedo culpar al pasado y las secuelas que ha dejado en mi vida, porque, aunque todos los días deba luchar contra las marcas que ha dejado el tiempo en mí. Soy responsable hasta de lo que no puedo controlar.

Hoy hago de mi boca la cárcel de mis palabras, lo que digo no trae dulzura. Solo dolor. No soy sino más que el reflejo exacto de lo que prometí no copiar, de lo que prometí no ser. Me he convertido en algo horrible para el sentir.

Perturbado quizás. Siento que la paz no se volverá a vislumbrar en mucho tiempo. Soy un ser errante. No merezco otra oportunidad.

Es el momento preciso en el que simplemente queda sentarse y llorar. En amargo silencio porque al final el peso de la vida me corresponde, no más mentiras para sobrevivir. Solo me debo ir. Es el fin.


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